Historia de un acogimiento (3ª Parte) : La acogida

Aquella tarde todo pasó muy rápido. Tuve el tiempo justo de explicárselo a mis hijos, a mi familia y a mis amigos de siempre, de esos que pasan a ser familia con los años y la vida.

Mi hija ese curso estaba de erasmus.

Conocí a los niños en la casa de acogida y entre todos decidimos que ese mismo día vinieran a casa conmigo. El niño muy abierto y ella mucho más tímida como esperando que él decidiera por los dos. Apenas traían equipaje, pero tampoco llevaban miedo, solo la cara del que vive día a día sin preguntar más,  resignados, eran supervivientes.

Guille, mi hijo nos esperaba en casa, deseando conocerlos, les había comprado algunos regalos. Mi hermana vino más tarde, no queríamos abrumarlos, eran muchas emociones para un solo día, así que decidimos que poco a poco conocerían a toda la familia. Mi hermana esa  tarde le contó a mi padre que los niños ya estaban en casa, estaba contento y emocionado y al día siguiente sería un buen día para llevarlos y que los conociera, para qué retrasarlo. Al principio compartieron habitación, quería que se sintieran seguros y que se adaptaran bien.

Era el 7 de noviembre de 2018, el día siguiente fue un día de trámites, de hablar, de conocernos de que se sintieran que habían llegado a casa. Por la tarde fuimos a ver al abuelo le veía  emocionado, estaba mi hermana, mis sobrinos, hicimos una videollamada con mi hija… nos reímos juntos, una tarde entrañable.

A la mañana siguiente mi padre falleció. ¿Cómo explicar todas esas emociones?

Llevaba dos días que no sabía si lo que estaba sucediendo era verdad o seguía soñando. Todo se precipitó. Había que hacer muchas cosas y no tuve tiempo de analizar  cómo me sentía.

Los niños se quedaron con unos amigos/familia con los que siempre he podido contar mientras pasaba todo, de mi total confianza con los que sabía que estarían como conmigo. Mi hija vino en viaje relámpago y cuando pasó todo me di cuenta de que no podía estar mal porque había dos niños que dependían de mí y tenía que hacer lo que hiciera falta para hacerles felices y además en mitad de todo aquellos tenia a mis cuatro hijos en casa, siempre he tratado de ver la parte positiva de todo.

Ahora empezaba la acogida, mi familia se encargó de traernos todo lo que necesitábamos, ropa, zapatos, juguetes, todo era poco para ellos.

La baja maternal ayudó mucho, pasaba todo el día con ellos. Pronto empezaron el colegio y había que ponerse al día del retraso que traían, además hablaban un castellano pobre, acostumbrados a desenvolverse en chino, así que entre castellano, chino y el colegio bilingüe en inglés tuvimos que trabajar mucho.

Nunca habían ido al cine, al teatro, no conocían el mar ni habían ido a un museo o a un parque temático. Poco a poco fuimos haciendo familia, cogiendo confianza, hablando. Me iban contando retazos de su vida y poco a poco pude componer el puzle de lo que hasta ahora había sido su vida.

Los primeros meses no fue posible el contacto con la familia biológica y en algún momento pensé que sería así siempre y aquello se convertiría en una acogida permanente pero trataba de no pensarlo mucho, dejaba que las cosas fluyeran.

Los niños se adaptaron muy bien, enseguida tuvieron buenos resultados en el colegio, era mucho lo que trabajábamos cada tarde, debo decir que sus profesores ayudaron mucho, muchísimo, les facilitaron todo y se preocuparon también y no solo en lo académico hicieron todo lo posible porque se integraran a la clase y darles toda la normalidad que unos niños de su edad necesitan, actuamos como un equipo, la comunicación fue continua y fluida y los resultados positivos no se hicieron esperar.  Aprendieron a nadar, a patinar, cada fin de semana les enseñaba.

Nos íbamos conociendo y confiando unos en otros, pronto tuvieron cada uno su habitación e hicieron amigos, poco a poco se iban diferenciando a medida que pasaba el tiempo y se sentían más seguros.  Las primeras navidades fueron memorables , mis hermanos y mis sobrinos se encargaron de que así fuera, a pesar de la tristeza por la ausencia de mi padre .Era la primera vez que los niños celebraban aquellas fechas y todos nos esforzamos mucho por hacerlo muy especial. Todo fue fácil con ellos, nos adaptamos muy bien y aquellos primeros meses fue una simbiosis perfecta.

A los cuatro meses terminó mi baja maternal y empezó otra fase. También resultó fácil y me admiré de la capacidad de supervivencia y adaptación que tenían. Guille se quedaba con ellos la noche que yo trabajaba y las que no podía una amiga de mucha confianza venía a cuidarlos con la que les encantaba estar porque los entretenía mucho.

Siempre me sorprendió que comieran tanto y de todo, estábamos desayunando y ya preguntaban que había de comer y en la comida que cenaríamos, supongo que necesitaban tener la seguridad de que aquel día comerían  

La niña rápidamente vínculo conmigo, me observaba como me maquillaba y le gustaba maquillarse a ella también y pintarse las uñas y que la hiciera diferentes peinados.

El niño a pesar de ser muy abierto me di cuenta de que le costaba crear lazos, sus amistades eran superficiales.

Nunca me llamaron mamá y yo en el fondo lo prefería, supongo que como forma de autoprotegerme también, no sabíamos que podía pasar a pesar de que cuando hacían un dibujo de la familia nos dibujaban a nosotros incluido Rita, nuestra pequeña yorkshire. Jugaban  muchísimo con ella y ella se dejaba peinar, vestir y hacer de bebé con la niña. No jugaban con juguetes, nunca habían tenido y no sabían utilizarlos muy bien, sus juguetes favoritos eran Rita y un papel y unos lápices de colores. Su vocabulario fue haciéndose mayor y sus resultados en el colegio  espectaculares.  Sin darnos cuenta llegó la primavera, no me cabrían todas las risas y experiencias que pasamos, parecía que aquella felicidad no terminaría y que siempre habían formado parte de nuestra familia.

¿Cuándo aparecerían los problemas? Parecía que aquella luna de miel sería eterna.

Un día nos avisaron de los servicios sociales. Habían encontrado a mamá y comenzarían las visitas con ella. Tuve que explicárselo, ellos no la recordaban y tuvieron sus recelos y sus preguntas, pero con cariño y sentido común resolvimos sus dudas, y a partir de ahí empezaron las visitas, al principio unas horas y más adelante, en verano algunos días. Mamá vivía en otra comunidad.

Terminó el colegio y nos dispusimos a pasar las vacaciones. No conocían el mar, pasamos gran parte del verano en la casa de la playa. ¡Como disfrutaron! Horas metidas en el agua, solo salían para comer y echarles crema, había merecido la pena enseñarles a nadar, siempre fue una prioridad para mí darles herramientas además de amor y protección, tenía poco tiempo y era mucho lo que tenía que enseñarles que les pudiera servir para siempre.

Con mamá las cosas fueron bien, ellos venían contentos,  pronto los servicios sociales nos comunicaron que el retorno se veía viable aunque aún faltaban muchos trámites y el visto bueno de los servicios sociales yo sabía que había empezado la cuenta atrás.

Tal vez fue eso, tal vez que los niños ya se sentían en casa y ya se mostraban como realmente eran, empezaron los problemas  y el tiempo de descuento.

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