Historia de un acogimiento 4ª parte : La despedida

No recuerdo muy bien cuando las cosas comenzaron a cambiar pero aún hacía calor y los niños habían llegado de una visita con mamá, habían pasado unos días perfectos y venían muy bien, yo estaba contenta porque prefería verlos felices y alegres por lo bien que lo habían pasado que llorando por todo lo contrario. Me llamaron todos los días mientras estuvieron fuera y me contaban las cosas que habían hecho.

Un día casi por casualidad descubrí comportamientos en el niño que no correspondían a su edad y me escandalicé, no entendía el por qué de aquello, cuando lo comenté con mis hijos estuvieron de acuerdo conmigo que aquello estaba un poco fuera de tono y que pondríamos más vigilancia y que entre todos hablaríamos con él y le apoyaríamos en lo que hiciera falta, a mi me pareció muy grave y lo transmití a los servicios sociales buscando apoyo y ayuda , para él y para mí, quería ayudarle y quería hacerlo bien, tuve mi primera decepción entonces, no tuve la respuesta que esperaba ni la ayuda tampoco .

Siempre supe que estos niños venían con mochila pero para eso estábamos nosotros para reparar de alguna manera todo eso o al menos eso creía yo porque la administración veía cierta “normalidad “en ese comportamiento que por supuesto no lo era.

Casi a la misma vez empezaron las mentiras y otras cosas también muy graves que afectaban a la armonía familiar. Los dos tenían problemas , por más que trataba de ayudarlos no podía , necesitaban ayuda profesional y no la obtuvieron, sentí que llegaba al límite, que yo no era suficiente para poder llegar hasta ellos y reparar todo el daño que tenían guardado y sentí la desidia de la administración, era como si a nadie le importara, como darse cabezazos contra la pared, hice todo lo que mi sentido común me dijo y no me cansaba de repetirles que hicieran lo que hicieran les querría siempre y para siempre.

Mis hijos se comportaron como verdaderos hermanos mayores, hablaban con ellos muchísimo y trataban de que tuvieran otro punto de vista. Había que enseñarles lo que estaba bien y lo que no porque había límites que no tenían claros.

Llegados a ese punto ya sabíamos que el retorno era un hecho y esa fue la explicación que me dieron los servicios sociales para no intervenir, habría que hacerlo si y eso recomendarían en su informe, pero una vez que estuvieran con mamá, tal vez tuvieran razón y seguramente así fuera, pero a mi me parecía que necesitaban ayuda y cariño desde hacía mucho y que estábamos perdiendo tiempo, no me consolaba aquella explicación.

¿Cuál había sido mi papel en todo aquello? Tal vez no pude reparar el daño que traían pero si denunciar lo que les pasaba y pedir ayuda a gritos para ellos, solo cuando encontré esa explicación me quede más tranquila.

Desde entonces hasta el día que se fueron hicimos una vida normal y seguí dándoles herramientas para su futuro, estudiando y continuando con nuestras rutinas, hablando con normalidad de que pasarían cuando se fueran y me prometieron que volverían en vacaciones. La niña me escribía muchas cartas y me decía lo mucho que me querría para siempre y que nunca me olvidaría. Yo sentía un nudo en la garganta cada vez que leía alguna de esas notas que me dejaba en cualquier parte de la casa con fantásticos dibujos, siempre con su cuaderno y su caja de pinturas.

Sé que tenía miedo de lo desconocido y era su forma de transmitirlo. El era diferente, vivía más allí que aquí quizá por eso de que la hierba parece más verde al otro lado de la orilla, quizá porque le resultaba muy difícil crear vínculos no porque no quisiese sino porque no podía.

Pactamos que el día después de navidad se marcharían, querían disfrutar la última navidad con toda mi familia y como siempre mis hermanos y sobrinos se encargaron de hacérsela inolvidable. El 26 de diciembre a primera hora nos esperaban en bienestar social, había llegado el día.

La niña tenía el corazón dividido, por el camino me preguntaba cuánto tiempo iba a estar con mamá y cuando volvería a casa. El iba contento pero también quería asegurarse de que en vacaciones volvería.

La despedida fue breve, no quise alargar esa tortura, los dejé allí y me marché. No llegue a casa hasta medio día, no quería.

Pase el resto del día sola, no quería ver a nadie ni anestesiarme con nada, estuvimos Rita y yo sentadas en el sofá y después de varias horas Rita me miro y entonces le dije ¿tú también les echas de menos verdad? Y solo entonces pude llorar. Llore por horas, no podía evitar una lágrima detrás de otra, pero fue un llanto tranquilo, sereno y reparador, me dormí llorando y cuando desperté no sé a qué hora nos fuimos a dormir.

Nunca la casa tuvo más silencio, me pareció más grande, como si hubiera crecido con su ausencia.

Solo me permití llorar esa vez, ahora tocaba recuperar mi vida que llevaba más de un año en stand-by y poco a poco esta siendo posible, mis amigos, mi familia y mis compañeros de trabajo se encargan de eso cada día.

Hoy reflexiono desde la playa, donde tantas horas pasé con ellos y no logro evitar que todo me sepa a esos niños que forman parte de mi vida.

No sé muy bien que fui para ellos, tampoco que son ellos para mí ahora que el tiempo y la distancia me hacen ver las cosas desde otra perspectiva.

Me preguntan si repetiré experiencia y aún no sé ni dónde ubicarme, no todos entienden que esto no se elige, es una forma de vida, cuando esté preparada llegarán otros niños a nuestra familia.

Ha habido momentos de todo, risas, lágrimas y algún puñetazo en la mesa ante la indiferencia de algunos.

Sé que esto nos ha marcado, ahora hay un antes y un después de ellos.

Esta experiencia la quise compartir con vosotros y os invito a hacerlo también.

Quiero dar las gracias a mi familia porque siempre ha estado a mi lado sin juzgarme y mi verdadero ejemplo de solidaridad, a mis amigos y compañeros de trabajo que de alguna forma vivieron esto conmigo y por supuesto a mis hijos, Guillermo y Cristina por vivirlo conmigo en primera persona, hemos reído y llorado juntos. Os amo eternamente y a esos dos pequeños que un día llegaron a mi corazón para instalarse para siempre, los quiero mucho y ellos mucho más a mí de lo que pueda merecer.

Gracias por leerme

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